
MANIFIESTO ALLEGRO MA NON TROPPO
Inmerso en esta sociedad exhibicionista, uno cualquiera entre tantos, contemplo cómo se pierde la espontaneidad – capacidad de crear – pues todo se piensa y se elabora (palabra, cuerpo, cirugía) para ajustarse, y perderse, a la exigencia del caprichoso canon del mercado. Cualquiera puede terminar violentado y reducido a mercancía expuesta en busca de los «me gusta» de los demás. ¡Pretender crear y repetir inevitablemente el mismo modelo que los demás!
«¿Y qué tendría que hacer? Buscar un protector poderoso, tomar un tutor, y como una hiedra oscura que rodea un tronco lamiéndole la corteza, subir con astucia en vez de elevarme por la fuerza. ¡No gracias! ¿Dedicar, como todos hacen, versos a los financieros? ¿Convertirme en bufón con la vil esperanza de ver nacer una sonrisa que no sea siniestra en los labios de un ministro? ¡No gracias! ¿Desayunar todos los días con un sapo? ¡No gracias! ¿tirar piedras con una mano y adular con la otra? ¿Procurarme ganancias a cambio de tener siempre preparado el incensario?… ¡No gracias! ¡No gracias!»
Asi pues, manifiesto la necesidad de apartarme de la esclavitud de acabar creando un personaje para el consumo y axfisiarme detrás de una máscara. De escapar de la tiranía del ego y encontrarme con la libertad de ser.
«…Cantar, soñar, reír, caminar, estar solo, ser libre, saber que mis ojos ven bien, que mi voz vibra, ponerme al revés el sombrero cuando me plazca…»
Afirmarme en la opacidad frente al exhibicionismo. Como quien aliña una ensalada de escarola o cose una herida en urgencias, como la gallina que pone un huevo o como quien zurce cuidadosamente un calcetín, proclamo mi derecho a pintar cuadros y cultivar tomates sin necesidad de estampar mi nombre en ellos.
REIVINDICO EL DERECHO AL ANONIMATO.
El nieto de la Amparo
(con la ayuda de Cyrano de Bergerac)
